La fiesta de despedida de la diversidad animalEspectáculos 

La fiesta de despedida de la diversidad animal

Nuestro planeta

Nuestra opinión: excelente

Creada por: Alastair Fothergill.
Narrada por: David Attemborough o Salma Hayek.
Disponible en Netflix.

Los documentales acerca de la naturaleza suelen estar orientados al consumo familiar y, por esto, replican principios de los
blockbusters de Hollywood: presentan un espectáculo visual sorprendente, ninguno de sus protagonistas animales sufre daño alguno y tienen un final feliz y esperanzador. Es decir, a pesar de que están ensamblados con imágenes de la realidad, son una ficción.
Nuestro planeta, la nueva serie documental estrenada por Netflix, da una respuesta explícita a ese reino animal de fantasía contando la historia real, que es que las maravillosas, adorables y rarísimas especies que exhiben en su colorido esplendor, en realidad, no solían ser rarísimas, sino abundantes, y que la mayoría de los ecosistemas de nuestro planeta enfrentan un gravísimo riesgo existencial debido al calentamiento global provocado por la acción humana. La desaparición de hábitats completos no es algo que sucederá en el futuro cercano a menos que hagamos algo pronto, sino que ya sucedió y sigue sucediendo; de hecho, la serie misma da cuenta de algunos que se extinguieron durante los tres años que tomó su rodaje. En los últimos 50 años, nos dice, la población animal global se redujo en un 60%. Las bellísimas y sobrecogedoras coreografías de todo tipo de especies que regala cada capítulo no son tanto una celebración de la diversidad animal como su fiesta de despedida.

La serie nos muestra las complejas y sutiles conexiones que millones de años de evolución construyeron en la naturaleza y el modo en que la actividad económica provoca cambios demasiado rápidos que resultan catastróficos. En uno de los momentos más devastadores vemos cómo la retirada de los hielos de la costa norte de Rusia a causa del cambio climático hace que las incontables morsas que se alimentan en la zona solo puedan encontrar descanso en acantilados, pero como están adaptadas para andar sobre hielo y no para trepar, miles se despeñan, destrozándose contra las rocas.

La narración apela a que tomemos conciencia de que es imprescindible preservar el equilibrio natural a través del argumento utilitario que señala que por este camino pronto hasta nuestra propia existencia será insostenible. El argumento moral que humanamente deberíamos privilegiar y que indica que no debemos provocar sufrimiento indiscriminado y que nuestra especie no tiene más derecho a la vida que cualquier otra ni siquiera se hace explícito porque nadie lo tomaría en serio. Aunque separar el Estado y la religión nos parece obvio, no podemos hacer lo mismo con la religión y la naturaleza, y seguimos convencidos del precepto bíblico que indica que los animales existen para que nos sirvamos de ellos. El título de la serie solo debe ser tomado de modo inclusivo: no es “nuestro” planeta, el de los humanos, sino el de todos los que vivimos en él. Aunque hay una locución en castellano neutro para Latinoamérica a cargo de Salma Hayek, es inconmensurablemente mejor escuchar la original en inglés (hay subtítulos) de David Attenborough, quien, aun a los 92 años, tiene otro nivel de intensidad y también carga con el grado de hartazgo y desencanto que nos merecemos.

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