Rosenkrantz abre el año judicial ante una Corte cruzada por tensionesPolítica 

Rosenkrantz abre el año judicial ante una Corte cruzada por tensiones

La costumbre comenzó hace pocos años, concebida como el escenario mayor desde el cual el ex titular de la Corte Ricardo Lorenzetti sintetizaba su visión de la justicia como catalizadora de derechos sociales, y repetía que los tribunales son una pata fundamental de las “políticas de Estado” que necesita el país. Pues bien, nada de eso se escuchará este martes, cuando su sucesor Carlos Rosenkrantz diga su discurso de apertura del año judicial ante sus compañeros de la Corte y un centenar de jueces de todas las instancias y fueros.

En primer lugar, porque el actual presidente del máximo tribunal no piensa lo mismo que el abogado de Rafaela respecto al rol de la Corte en una democracia liberal que funcione como él sueña. En segundo lugar, porque esa visión diferente -y ya expresada en distintas votaciones en las que Rosenkrantz quedó en minoría o directamente en soledad- es una de las heridas más evidentes en el seno de la Corte como cuerpo político.

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Empinado en su cargo tras una jugada de pizarrón que se trazó -o al menos se dejó correr- desde la Casa Rosada, Rosenkrantz quedó a partir de entonces, en octubre pasado, en el peor de los mundos: el voto clave que formó la mayoría para anticipar la sucesión de Lorenzetti, firmado por Horacio Rosatti, abandonó su playa casi de inmediato, plegándose en muchos casos a las firmas de Lorenzetti y Juan Carlos Maqueda. La imaginación popular bautizó a esa tríada como una “mayoría peronista”, que viene imponiéndose a una igualmente exagerada “minoría oficialista” en la que reportarían Rosenkrantz y Elena Highton.

Es cierto que en toda exageración hay una pizca de verdad, tanto como que en la imaginación de Lorenzetti no había otro sucesor para su cargo que él mismo, un espejo que se rompió de repente y cuyo duro golpe no estaría del todo asimilado.

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La guerra fría que empezó hacia fin de año tuvo varias batallas; algunas administrativas y otras judiciales. Entre las primeras, sobresale la acordada mediante la cual el trío “peronista” le sacó a Rosenkrantz la potestad para nombrar personal en los juzgados: una herramienta poderosa de la que Lorenzetti hizo uso a discreción.

Pero el tablero más sensible es el de las causas que empezó a votar y seguirá votando una Corte cruzada por las tensiones y la desconfianza mutua entre sus jueces, que entre otras consecuencias segó al gobierno de datos e intercambios previos a los fallos que pueden alterar la frágil economía o el no menos delicado mapa político. Con Lorenzetti, de quien Macri recelaba, esos contactos existían. Aunque es apuntado como hombre cercano a Cambiemos, Rosenkrantz es más inescrutable.

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El fin de las mayorías “construidas” por el ex titular del tribunal quedó expresado en los votos partidos de la Corte respecto a la aplicación del 2×1 a los condenados por delitos de lesa humanidad (se rechazó) o el cálculo para actualizar las jubilaciones, respecto del cual se volteó el índice que aplicaba la ANSeS. En cambio, la bendición a la ley de Lemas en Santa Cruz fue unánime.

Esta misma semana se está discutiendo la constitucionalidad o no de los intentos de re reelección de los gobernadores de La Rioja y Río Negro, y la pertinencia de que los jubilados sigan pagando el impuesto a las Ganancias. Ese que los jueces no pagan.

Pero las intrigas palaciegas no serán más que el mar de fondo en el discurso que Rosenkrantz formulará este martes al mediodía en el Patio de Honor de la Corte. En las primeras filas de su audiencia se sentarán, como es habitual, los jueces y camaristas federales que tienen en sus manos las causas por corrupción más calientes, y sobre su nuca la mirada torva de la sociedad por la falta de sentencias en decenas de esos expedientes. Se descuenta que habrá algún párrafo dedicado a la cuestión.

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También son posibles referencias al rol de los jueces ante las detenciones de delincuentes comunes, en favor de una política de excarcelaciones más congruente. Al menos eso es lo que muchos esperan escuchar.

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