Ramos Padilla: los conocidos de siemprePolítica 

Ramos Padilla: los conocidos de siempre

La irrupción en la escena política y judicial de una trama de espionaje y contra espionaje cuyo principal objetivo es, a todas luces, voltear la llamada “causa de los Cuadernos” de la corrupción kirchnerista y procurar la impunidad de la expresidenta y actual senadora Cristina Fernández de Kirchner y de sus más prominentes exfuncionarios, nos trajo a la memoria un episodio ocurrido hace 31 años y cuyos titiriteros fueron el entonces juez federal de Morón, Juan María Ramos Padilla, y el entonces periodista estrella de Página/12, Horacio Verbitsky.

En mayo de 1978 José Treviño y Carmen Rivarola lograron la adopción provisoria de una niña a la que llamaron “Juliana”, quien había sido encontrada en la calle, abandonada, y llevada a la Casa Cuna. Gustavo Mitchell, el juez que dio tenencia provisoria a los Treviño-Rivarola, era primo de la madre adoptiva.

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Los médicos calcularon que al momento de ingresar a la Casa Cuna Juliana tenía unos diez días de vida y que había nacido el 20 de mayo de 1978. Así quedó registrado en sus documentos y trámites de adopción. En octubre de 1979 un juzgado civil otorgó la tenencia a la pareja.

José y Carmen, ambos periodistas y simpatizantes del partido socialista, nunca ocultaron a Juliana el origen y las circunstancias de su adopción. A mediados de los 80, impactados por la película “La historia oficial” y por las exposiciones de María Elena Walsh y Jorge Sábato en una conferencia sobre casos de niños nacidos en cautiverio, se contactaron con Abuelas de Plaza de Mayo y a fines de 1987, cuando se estableció el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG) llevaron a Juliana, entonces de 9 años, al Hospital Durand, donde le hicieron extraer sangre para cotejar con muestras de diferentes familias que buscaban niños nacidos en cautiverio.

El 23 de junio de 1988 Abuelas informó a los Treviño Rivarola que Juliana tenía 99,92% de probabilidad de ser hija biológica de Liliana Fontana y Pedro Sandoval.

Liliana y Pedro, dos jóvenes militantes de Montoneros, habían sido secuestrados de su casa en Caseros, provincia de Buenos Aires, y vistos por última vez en el Centro Clandestino de Detención “Club Atlético”. En virtud de ello, la “causa Juliana” recayó en manos del juez federal de Morón, Juan María Ramos Padilla.

Cercano a Madres y Abuelas, hombre de ambiciones políticas y ligado al sector de la UCR bonaerense de Leopoldo Moreau, Ramos Padilla actuó con celeridad: en la tarde-noche del 24 de junio citó a su juzgado a los Treviño Rivarola y a las familias Sandoval y Fontana y tras una reunión en la que advirtió a los padres adoptivos que, si no aceptaban voluntariamente que la niña fuera de inmediato a vivir con sus “abuelos biológicos”, aplicaría la ley de Patronato de Menores, que confería los jueces la “disposición de los incapaces autores o víctimas de delito, si se encontraran en peligro”, y enviaría a Juliana a un instituto de Guardia.

Aterrados por la posibilidad de que Juliana fuera enviada por la fuerza a un orfanato, José y Carmen cedieron. Entre gritos y llantos desgarradores, esa misma noche la niña de diez años fue “restituida” a los Fontana, supuestos abuelos biológicos por vía materna.

Además, y contra la práctica de casos anteriores de restitución, Ramos Padilla decidió que Juliana debía pasar un período prolongado e indefinido de tiempo sin ver a sus padres adoptivos, pues hacerlo afectaría su proceso de “reconstrucción de identidad”. Cualquier contacto, estimó, sería “un retroceso dañino para su salud psicosocial”.

Durante dos meses, José y Carmen intentaron en vano que los dejaran visitar a Juliana. Mientras, descubrieron que, según un panfleto de Abuelas, la criatura que Liliana llevaba en su vientre cuando fue secuestrada era aparentemente un varón.

Tampoco las fechas coincidían. Al momento del secuestro, el embarazo era de diez semanas, por lo que la concepción de la criatura debió haber ocurrido a más tardar en enero de 1978. Juliana, además de ser una nena, había nacido en mayo. Tanto Abuelas como Ramos Padilla se atuvieron a rebuscadas hipótesis para sostener la decisión judicial.

José y Carmen, sin embargo, habían hecho también contrapruebas de sangre en laboratorios del exterior que indicaban que Juliana no era hija de Pedro Sandoval y Liliana Fontana y tras varios intentos frustrados para verla, finalmente llevaron el caso a los medios y expusieron la historia en “Tiempo Nuevo”, por entonces el programa político de TV más visto de la Argentina.

Aliado de cruzada de Ramos Padilla, Verbitsky, quien desde Página/12 seguía la historia como un leading case, aumentó entonces la frecuencia e intensidad de sus notas. En ellas describió a José y Carmen como “aliados a una jauría de nostálgicos del orden militar de los cementerios”, reprochó a Carmen su parentesco con Gustavo Mitchell, un “juez del Proceso” y hasta, citando pericias judiciales que le proveía Ramos Padilla, escribió que los Treviño Rivarola atormentaban psicológicamente a Juliana.

Igual que para el juez, para Verbitsky los hechos y Juliana eran lo de menos.

Nuevos exámenes del BNDG demostraron, sin embargo, que Juliana no era hija de los Sandoval-Fontana. Las pruebas originales habían sido mal hechas, mal interpretadas o manipuladas. “El error fue de la Justicia y del BNDG, el Banco produce los exámenes, la Justicia la restitución; ahí no teníamos nada que ver”, se excusó la presidenta de Abuelas, Estela de Carlotto.

En busca de una diputación nacional con su aureola de defensor de los DD.HH., Ramos Padilla ya había renunciado al juzgado de Morón. El juez subrogante, Alejandro Sañudo, ordenó la restitución de Juliana a sus padres adoptivos y en 1990 la Cámara Federal de San Martín otorgó la patria potestad definitiva a los Treviño Rivarola. En 2006 se confirmó también que el hijo de los Sandoval Fontana era, efectivamente, un varón, Alejandro, nieto recuperado número 84 y rebautizado “Pedro”, como su padre biológico.

Frustrada su carrera política, Ramos Padilla fracasó también como funcionario. Por roces con sus pares, renunció a su cargo de subsecretario de Investigaciones del entonces Ministro de Seguridad bonaerense, Carlos Arslanian. Buscó reinsertarse en la carrera judicial y finalmente lo logró en 2005, de la mano de Verbitsky y el kirchnerismo, tras lograr que el Consejo de la Magistratura desestimara la impugnación presentada por Juliana, quien argumentó que Ramos Padilla “carece de los atributos de prudencia, templanza e idoneidad técnica que lo habiliten para ser propuesto como Juez Federal en lo Criminal”. Ramos Padilla alegó que la impugnación había sido presentada fuera de término y que Juliana, que tenía entonces un local de diseño y venta de ropa, debía “enormes sumas de dinero”. Pudo así volver a ser juez y verdugo.

Y fue por más: también logró ubicar a su hijo Juan Martín como “director de Igualdad de Oportunidades” en la secretaría de DD.HH. de Buenos Aires, entonces a cargo de Guido Carlotto, hijo de Estela de Carlotto, la presidenta de Abuelas. Su otro hijo, Alejo, fue abogado de Héctor y Javier Timerman, en 2011 fue designado juez federal de Dolores (desde donde absolvió a Amado Boudou en una causa por estafa en la que el ex vicepresidente dio un médano como domicilio particular y desde donde insiste en tener competencia judicial para retener la causa por extorsión del falso abogado Marcelo D’Alessio), integra la agrupación judicial kirchnerista “Justicia Legítima” y desde hace años es impulsado por La Cámpora para sustituir al fallecido juez federal de La Plata, Manuel Blanco, en el juzgado que dirime cuestiones electorales en el distrito bonaerense (38% del padrón nacional).

Por cierto, el submundo donde se entrecruzan servicios de Inteligencia, operadores, periodistas, jueces y fiscales y toda laya de influyentes y falsos influyentes, en el que desde hace décadas se mueve Verbitsky, -colaborador de la Fuerza Aérea en los años de la dictadura, como testimonian no menos de tres documentos, un extenso manuscrito de su puño y letra y varios testigos- debe ser investigado hasta las últimas consecuencias.

Pero resultaría más que ingenuo ignorar como nombres, apellidos y modus operandi– un juez Ramos Padilla, el “periodista” Horacio Verbitsky como canal de “exclusivas” judiciales, el “defensor de la Libertad de Expresión” Leopoldo Moreau como proveedor de foro político en Diputados- de aquella historia de trato inhumano en nombre de los Derechos Humanos se repiten hoy para intentar voltear la causa de los Cuadernos y procurar impunidad a los máximos responsables de la corrupción que asoló la Argentina entre 2003 y 2015.

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