Leonel Messi y el aplauso improbableDeportes 

Leonel Messi y el aplauso improbable

Otra vez el mundo habla de Messi. De sus goles en la victoria del Barcelona frente al Betis. Una vez más las imágenes ofrecen su talento desde ángulos diversos. El gol de emboquillada que roza el travesaño, una genialidad. El tiro libre al ángulo, una joya de precisión. ¿Cómo no admirarlo?

Pero este fin de semana lo habitual (la genialidad del futbolista) llega con un añadido: el foco noticioso se detiene en la reacción de los hinchas del Betis que aplauden de pie al crack rosarino, su rival, nada menos que quien ha sentenciado su derrota. La televisión lo muestra para seguir diciendo lo que ya está dicho, “qué admiración genera Messi”. Pero para el hincha argentino las imágenes ofrecen una lectura alternativa: la extrañeza de un gesto improbable e impensado en nuestras canchas.

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Asistimos al aplauso de los hinchas a un rival con la ajenidad de quien mira lo inverosímil, lo imposible. Algo de otro mundo, de otra vida. O mejor, de la vida de otros.

Pero no son de otro planeta los aplausos (sí Messi, tal vez) sino de otra cultura. Porque si algo revelan es una desemejanza cultural.

Es el aplauso, quizá, la reacción más educada para expresar admiración. El gesto con mesura que se impone sobre el grito destemplado o el abrazo invasivo, a veces tan común. Ejemplo de civilidad, expresa admiración desde el segundo plano, el lugar de quien no pretende ocupar ni un espacio ni una gloria que no le pertenecen. Gesto contenido y por eso muchas veces despreciado en las multitudes enfervorizadas, más aún en el dolor de la derrota, fue posible en los hinchas del Betis. No menos hinchas que los de Boca o River.

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Unas semanas atrás, la televisión acercaba la final de la Copa del Rey de básquet española entre el Real Madrid y Barcelona. La definición era dramática, punto a punto. En un minuto la cámara se detuvo en un hincha del Real que mostraba con los brazos extendidos la camiseta blanca de su equipo. Desde atrás un simpatizante del Barcelona lo cubrió con sus colores. En un segundo este cronista (espectador en Buenos Aires) imaginó la agresión, o el reproche furioso. Nada de eso ocurrió, los hombres se estrecharon las manos. Pero a veces así está construida la cabeza de algunos de nosotros. Es un síntoma.

La actuación de Messi frente al Betis y la reacción de los hinchas españoles permitiéndose el reconocimiento al rival nos dicen algo importante. Y no… no es que nuestros futbolistas son los mejores del mundo.

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