St. Vincent, admirada por los grandes, es uno de los imperdibles del LollapaloozaEspectáculos 

St. Vincent, admirada por los grandes, es uno de los imperdibles del Lollapalooza


Annie Clark o St. Vincent, la niña mimada de los próceres del rock

Annie Clark, cantante y compositora del proyecto, es la nueva sacerdotisa del pop de vanguardia, elogiada por artistas como David Byrne, actuará el día dos del festival

¿Cuál es el secreto de las canciones de St. Vincent? Lo reveló un experto con brevedad y precisión: “Parecen accesibles, pero miradas de cerca son realmente extrañas”. La definición pertenece a David Byrne, el líder de Talking Heads, una palabra indudablemente autorizada. En 2012 Byrne grabó con Annie Clark, la chica de Tulsa que está detrás de un nombre artístico inspirado por una canción de otro artista mayor, Nick Cave (“Dylan Thomas / murió borracho / en el hospital de St. Vincent”), el disco
Love This Giant, un disco cargado de arreglos de viento y espíritu funk que funcionó como bisagra para la carrera de ella. Los dos discos posteriores de St. Vincent fueron los más singulares de su repertorio. Y la propia Annie Clark, que es parte del line up de la segunda jornada del

Lollapalooza 2019,

lo sabe: en más de una entrevista declaró que
St. Vincent, aparecido en 2014, es el primer álbum que la representaba por completo. Una afirmación que confirmó su alto nivel de autoexigencia, dada la calidad de sus tres primeros trabajos,
Marry Me (2007),
Actor (2009) y
Strange Mercy (2011).

Para ser más exactos,
Strange Mercy ya revelaba la voluntad exploradora de Annie: en ese disco desaparecieron los pianos y las cuerdas de los predecesores y los sintetizadores coparon la parada para jugar un rol novedoso y desafiante en temas como “Surgeon”, un funk desquiciado que certifica aquello que Byrne supo notar y resumir tan bien: canciones con apariencias reconocibles pero alteradas por alguna anomalía -una estructura rara, un giro, una guitarra que suena como otra cosa-.

Instalada en Nueva York, Clark se hizo conocida muy pronto en el circuito
arty de la ciudad (ahí la contactó Byrne) y al tiempo que la prensa musical hablaba de influencias canónicas (Bowie, King Crimson, Kate Bush), las revistas del corazón empezaban a interesarse en ella por un amorío con la impactante modelo y actriz británica Cara Delevingne. Terminada esa relación, se inició otra que no provocó menos revuelo con Kristin Stewart, famosa por su papel en la popular saga
Crepúsculo. Desacostumbrada a la furia invasiva del periodismo amarillo, hizo catarsis con un disco “sobre sexo, drogas y tristeza” (su propia descripción) en el que de todos modos persiste esa capacidad para darle una vuelta de tuerca a cualquier asunto que huela a lugar común: “Pills”, uno de los mejores temas de
Masseduction (2017), nos cuenta un problema serio (la adicción a los ansiolíticos y los antidepresivos) con el temperamento liviano del bubblegum pop.

Otra de las fortalezas de Clark es su solidez como instrumentista. Sobrina de un virtuoso músico de jazz (Tuck Andress) y admiradora confesa de Neil Young (“Rockin’ In The Free World” me cambió la vida a los 12 años”, dijo alguna vez), demostró su talento como guitarrista de The Polyphonic Spree y Sufjan Stevens. También cuando interpretó una notable versión de “Lithium” con Krist Novoselic y Dave Grohl en el concierto realizado en la ceremonia de ingreso de Nirvana al Rock and Roll Hall of Fame en 2014. “Escuché
Nevermind a los 9 años y me volvió loca”, aseguró ella. “Recuerdo perfectamente el plan de escuchar ese disco en el patio trasero de mi casa, sentados con mi hermano y sus amigos en la rampa de skate que teníamos ahí”. Aun así no tuvo prejuicios a la hora de entregarse a los consejos de Jack Antonoff (productor muy apreciado en la industria americana y exnovio de la creadora de
Girls Lena Dunham) y apelar otra vez a sintetizadores de los 80 y las cajas de ritmo para hacer más expansivo el sonido de
Masseduction, un disco lleno de referencias (a Bowie, al Prince de
Kiss e incluso a Lady Gaga) y con una intención manifiesta de llegar a más público que los anteriores. “Crecí con el indie rock de los 90 -se justifica ella-, una escena en la que para ser considerada auténtica tenías que tocar ante cien personas. De otro modo, eras falsa o una vendida… Pero la experiencia con David Byrne cambió mi modo de ver las cosas. Me involucré más con la puesta en escena de mis shows y me di cuenta de que buscar mayor conexión con al audiencia no es un pecado”.

Los últimos shows de St. Vincent incorporan coreografías, elementos escénicos del mundo del arte contemporáneo y una actitud de Clark que motivó a
The Guardian a definirla como “una artista de performance”. Buceando un poco en internet se encuentran entrevistas en las que Annie conversa con un periodista dentro de una caja rosa repleta de neones y vestida apenas con una minifalda rosa y un corpiño, o un puñado de divertidos clips con Carrie Brownstein (integrante de Sleater-Kinney, creadora de la muy buena serie
Portlandia) en los que se mofa de las preguntas más prototípicas de la prensa, o un concierto benéfico en el que apareció disfrazada de inodoro. Si hay algo que destila la obra de esta nueva sacerdotisa del pop de vanguardia es atrevimiento, imaginería sexual, humor provocador y factor sorpresa. Estamos advertidos: vale la pena ir a verla.

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