Un puntano es rescatista en la Antártida

Marcos Gatica es de La Toma, tiene 26 años y forma parte de la Fuerza Aérea que asiste al personal de Base Marambio.


Marcos Gatica, de 26 años, es de la localidad de La Toma en San Luis y desde enero que está en la Antartida como pararescatista del Grupo de Operaciones Especiales de la Fuerza Aérea, junto a otros tres compañeros de Córdoba y Santa Fe.

El joven estaba descansando junto a sus padres y hermanas en La Toma cuando “el 4 de enero me avisaron que tenía que ir a Buenos Aires, que habían adelantado el vuelo”, recordó. Allí le realizaron estudios psicológicos, físicos y ecografías. El 28 salió de El Palomar hasta Río Gallegos en un Hércules. El 29 partió de la capital santacruceña a las 5 de la mañana y a las 10 de la mañana conoció el continente de hielo.

Gatica contó que la primera vez que puso un pie sobre la Base Marambio, el frío fue más bien psicológico. “Me bajé del avión y empecé a temblar, pero después uno se acostumbra”. 

Él forma parte de la Campaña Antártica de Verano, en el que se realiza el traslado de personal científico y militar a distintas bases del continente, por lo que estará unos días más.

Hace poco más de 30 días que está ahi y tanto él como sus compañeros no debieron atender ninguna emergencia. El 2 de febrero debieron escoltar desde la base y por dos kilómetros a 14 miembros de la Armada que aguardaban el pasaje del rompehielos Irizar en la costa, que llevaba provisiones y combustible. El viento no les permitía valerse de los helicópteros disponibles para los traslados cortos.

“Aquí hay personal permanente de bomberos, pero no están en constante movimiento. Nosotros estamos preparados para temas específicos”, contó Gatica sobre la fuerza especial de la que forma parte a El Diario de la República.

“Gracias a mi trabajo, mi tarea principal es adaptarme a todo terreno, ya sea al calor o el frío. Entonces voy 15 días a Salta, un mes a Mendoza y de ahí paso a Ushuaia”, relató el joven y recordó que cuando era chico le gustaban las películas de guerra y los aviones.

En 2012 con 19 años ingresó a la fuerza en Córdoba, luego de dos años egresó como cabo y lo destinaron a Buenos Aires. Luego, en 2016 inició el curso para entrar a las fuerzas especiales. Su perfeccionamiento es constante: realizó cursos de paracaidismo, buzo, tácticas policiales especiales e instrucción de tiro.

El viento y el frio​

Gatica contó que los temás de los que se habla a diario tienen que ver con el clima y más especificamente debido al viento, ya que les modifica la rutina diaria. “Lo mínimo que he estado son 9 grados bajo cero y una sensación térmica de 25 o 30. Cuando hace mucho frío o viento el encargado de la base, nos ordena a que no salgamos, así que nos mantenemos adentro, entre charlas, mates, películas y guitarreadas. Se trata de no perder el espíritu”, describió.

Junto a otros 40 colegas, el cabo primero habita la casilla de emergencia de la base, que queda a unos 100 metros de la dotación. Si el clima es muy adverso, el grupo científico y militar traslada la comida en vehículo por ese trecho. De lo contrario, todos los días hacen el recorrido a pie. En total son cerca de 150 personas, de las cuales siete son solo del género femenino y que dependiendo del traslado desde otras bases, pueden aumentar hasta 10 habitantes.

La base actualmente está a cargo de la Fuerza Aérea, pero próximamente dependerá del comando conjunto, y tendrán responsabilidades compartidas con el Ejército y la Armada. El personal científico pertenece a la Dirección Nacional Antártica, que trabajan con el terreno, la fauna y la flora. “Aprendes mucho de ellos”, admitió.

El comedor es el punto de encuentro de todos los que trabajan ahi. Allí los cocineros realizan una noche de “pizza libre” y otorgan una lata de cerveza a cada comensal. “Lo que más me ha llamado la atención es el compañerismo, el espíritu para trabajar. Es muy distinta la cabeza de alguien que está hace un mes de los que están hace un año. Se trata de no hablar de que ya volvemos, de tener camaradería. Hay mucha unión”, aseguró.

“Estoy acá gracias a mi familia, al apoyo que me dieron desde que empecé a estudiar. Yo soy un loco que no puede parar. Ya llegué acá pero quiero hacer más cosas, quiero conocer más”, dijo orgulloso el militar, que al menos ya puede tachar a la Antártida de sus objetivos, con menos de 30 años.






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