El futuro llegó hace rato y en la Selección de básquetbol hay pasta de sobra para confiarDeportes 

El futuro llegó hace rato y en la Selección de básquetbol hay pasta de sobra para confiar

¿Puede existir la injusticia en un deporte tan lógico como el básquetbol, en el que prácticamente siempre gana el mejor? El triunfo de España fue indiscutible. Haber sometido al equipo que mejor juego había plasmado en las dos semanas del Mundial de China es prueba más que suficiente. El equipo de Sergio Scariolo le ganó 95-75 a Argentina. Le sacó 20 puntos en la final. Lo neutralizó desde el primer minuto. Así que la coyuntura indicaría que la respuesta a la pregunta del comienzo es indefectiblemente “No”.

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Pero queda un sabor a injusticia. Aunque los protagonistas albicelestes hayan repetido a cada paso que España es un justo campeón. Se trata, al cabo, de una injusticia quizás más del tinte de lo “divino”. ¿O no merecía este equipo un cierre con un título?

“Jugamos un buen básquetbol durante todo el torneo y fallamos en la final. Quizás más adelante tomemos dimensión de lo que hicimos en este Mundial”.

Facundo Campazzo

Base de Argentina

Podrá decir alguien que España lo merecía también y que, al cabo, si impuso su voluntad de la manera que lo hizo en la definición, lo merecía más que Argentina. Y probablemente ese alguien tenga razón.

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Sucede -y tendrán que disculpar, como diría el gran Eduardo Sacheri– que es inevitable pensar en el juego que desparramó ese grupo de atorrantes responsables durante las últimas dos semanas. Un grupo que se crió en el último lustro y que heredó todas las buenas costumbres de la Generación Dorada.

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Un grupo que bajo el ala protectora de Luis Scola curtió una relación digna de aquella a la que la mejor camada de la historia argentina le había dado forma desde los seleccionados juveniles. Un grupo cuyos integrantes se han juntado a pasar Navidades europeas, que han estado en permanente contacto, que forjaron una amistad genuina y la trasladaron al parquet.

“Quiero felicitar a Argentina, porque ha hecho un torneo espectacular. Se merecen todo lo bueno que les pase, tienen una Selección joven y ojalá en un futuro puedan vivir algo así y ganarla”.

Rudy Fernández

Jugador de España

Alguna vez, ese milagro que resultó la conjunción de los mejores talentos del país en el mismo tiempo y espacio llegó a una final del mundo. En condiciones muchas veces flojísimas de preparación, la jerarquía individual, alimentada por el crecimiento que cada uno había tenido en Europa y por un trabajo sublime del staff encabezado por Rubén Magnano, lo habían hecho posible.

“Por más que queríamos, no pudimos. Ellos siempre estuvieron un paso adelante”.

Luca Vildoza

Base de Argentina

Cinco años después de que tal marco terminara de la peor manera, con el ex presidente de la Confederación Argentina de Básquetbol procesado, por caso, las condiciones son otras. Las puestas a punto tienen otro color.

“Soy uno de los peores perdedores que he visto en mi vida; sin embargo, hoy ganamos la plata, es espectacular y va a estar en mi corazón y en el de los argentinos por el resto de nuestras vidas. Con algunas herramientas menos que los demás equipos hicimos más que casi todos”.

Sergio Hernández

Entrenador de Argentina

De gimnasios de dudosa calaña se pasó a espacios como el Dow Center de Bahía Blanca. De giras por el país ante rivales menores se pasó a viajes por el planeta para enfrentar a los mejores del mundo. De una CABB hecha añicos se pasó a una entidad con bases sólidas, que les permitió a los jugadores preocuparse nada más que por jugar.

El resto lo hicieron estos muchachos.

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Facundo Campazzo, ese que separaba las materias en las carpetas de la secundaria con carátulas con las imágenes de Emanuel Ginóbili, Fabricio Oberto, Pepe Sánchez o el propio Scola.

Patricio Garino, que se crió basquetbolísticamente en Estados Unidos pero es tan marplatense como la Rambla y hoy se puede decir, sin caer en la estupidez de la comparación precoz que tanto puede lastimar a un pibe, que es el Chapu Nocioni 2.0.

Es el final. Argentina, subcampeona del mundo. Hay tristeza, pero los jugadores se darán cuenta lo que hicieron.
Foto: Reuters

Marcos Delía, el que muchos dicen que es invisible y silencioso pero lleva poniendo la cara 48 partidos consecutivos por la Selección. Un líder indiscutido, que predica con el perfil bajo y el culto al laburo.

Nicolás Laprovittola, ese que dio el ejemplo al nunca rendirse, ni en los peores momentos, cuando creía que todo estaba perdido, y resurgió de sus propias cenizas.

Nicolás Laprovíttola, abrumado por la derrota.
Foto: EFE

Gabriel Deck, el que se hizo titular de Real Madrid, pero cuya esencia tallada en Colonia Dora, Santiago del Estero, no se verá modificada por más brillo que tenga el suelo que pise.

Por allí pasan los líderes del presente y del futuro, acompañados por el núcleo que conformaron Nicolás Brussino, Luca Vildoza, Agustín Cáffaro, Tayavek Gallizzi, Máximo Fjellerup, Lucio Redivo. Al que se le sumarán pronto Leandro Bolmaro, Francisco Cáffaro, Juan Ignacio Marcos, Marco Giordano…

No serán los únicos. En otro futuro, más de mediano y largo plazo, llegarán otros. Esos que mañana le pedirán a mamá o papá un aro. Esos que mañana empezarán a picar una pelota por lo que vieron durante estas dos semanas.

HS

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