Leticia Mazur y el rompecabezas de un camino recorrido con la danzaEspectáculos 

Leticia Mazur y el rompecabezas de un camino recorrido con la danza


El ciclo Artistas en Residencia, del Teatro Sarmiento, repara por primera vez en una coreógrafa: Leticia Mazur Crédito: Carlos Furman/CTBA

A priori, a una propuesta escénica experimental no se la vincularía con un éxito en taquilla. Sin embargo, en las dos ediciones anteriores del ciclo
Artistas en Residencia, los montajes de la Compañía Buenos Aires Escénica que dirige Matías Feldman como las obras de
Piel de Lava, se transformaron en verdaderos fenómenos de público (de hecho,
Petróleo, de Piel de Lava, continúa en cartel en el circuito comercial).

Para la actual temporada de este ciclo del Complejo Teatral de Buenos Aires, la convocada fue la bailarina y coreógrafa Leticia Mazur. Por primera vez, una creadora de las artes del movimiento se suma al desafío de reponer obras suyas y estrenar una propuesta nueva. Todo este rompecabezas, como parte de una sana costumbre, desplegará sus múltiples formas en el Teatro Sarmiento.

Cuando Vivi Tellas, la directora de esa sala, le planteó la idea, la talentosa bailarina, actriz y coreógrafa no lo podía creer. De esa reunión se fue con la sensación, casi la certeza, de que ese desafío iba a suceder. Así fue, así es. Comienza mañana. Ahora mismo, Leticia Mazur está a mil, pero tranquila. “Esto que es tanto, y tanto junto, me encuentra con un estado de calma novedoso. El volver a montar algunas de mis obras es todo un acontecimiento, una inevitable reflexión sobre el paso del tiempo. Y mientras tanto, trabajo en la nueva obra,
Phantastikón, que se estrenará en agosto, cuyo punto de partida es la relación entre la imaginación y lo material. Tengo 41 años y sigo disfrutando muchísimo bailar. El contacto de la piel con el aire es algo que tengo muy presente. Para mí bailar es la relación entre lo invisible y la materia, es meterme en esas capas y buceo esos sentidos”, reconoce la creadora, que atraviesa en estos momentos su propio viaje entre el pasado y el presente.


A los 41 años, Mazur sigue disfrutando de bailar. “El contacto de la piel con el aire es algo que tengo muy presente” Crédito: Carlos Furman/CTBA

De las cinco obras que repondrá,
Watt es la obra que tiene más años. La estrenó en 2004. Fue una creación suya junto con Inés Rampoldi; una potente maquinaria expansiva y contagiosa del placer del bailar, de desplazarse en el espacio. Esta vez no la bailarán ellas dos, y al sonido original le agregaron comentarios suyos. Sí respetaron la base de música electrónica, que en aquellos ya lejanos tiempos recién se estaba afirmando en el medio.

Si Watt es la más vieja, la que abrirá la retrospectiva será
Mi papá, tu papá, tu hija y la mía, que realizó con Margarita Molfino. Esta propuesta no fue planteada como una obra hecha y derecha (si fuera la expresión). Nació como un deseo personal de las dos de trabajar junto a sus padres. En 2017, hicieron apenas cuatro funciones en Elefante Club de Teatro. Algo íntimo, sin prensa, casi familiar. Por eso esta reposición tiene algo de estreno. Allí, ella actúa con su padre, el actor y director Gerardo Mazur, que tiene 87 años; es una propuesta por fuera del formato biodramático. “Hacía mucho que sentía que quería tener una experiencia escénica con él. Para mí, esta obra es un acto de psicomagia. Algo pasa con el presente que me conmueve, me atraviesa. Por eso decidimos que abriera la retrospectiva”, apunta en un bar cercano al Teatro Sarmiento. Ese trabajo se presentará con
Jugadora muda en bata, propuesta que nació como un trabajo de cruce con el baterista Martín Minervini.

Dentro del mapa de la producción escénica, las propuestas de los coreógrafos contemporáneos independientes tienen un histórico lugar de patito feo. Traducido sin metáfora alguna: menos subsidios estatales, escasas posibilidades de llegar a los grandes escenarios (sea el San Martín o el Cervantes) y las dificultades para llegar a más público. “En este contexto me parece sencillamente hermoso que se le dé un espacio así a la danza en general -reconoce ella-. Y, claro, para mí es toda una responsabilidad”.

-¿Cuándo pudiste vivir económicamente de lo que hacés?

-Nunca. Tuve algunos momentos, con giras alguna vez hice diferencia con el dólar; pero todo es muy inestable y mucho más en la actualidad. Yo cuento con ayuda económica familiar, es así. Sin ellos hubiera tenido que bailar en algo que no sentía por la plata, lo cual no está mal porque somos profesionales. Pero la autosuficiencia económica no la tengo, te la debo.

A los 3 años Leticia Mazur estudiaba expresión corporal. Al poco tiempo empezó a darle duro a la gimnasia deportiva. Eso fue en Hebraica (“algo así como mi segunda o primera casa”). Nunca paró. En esa segunda o primera casa estudió danzas israelíes. Tiene videos en VHS de aquellas muestras que cuando los ve se da cuenta que lo suyo, ya en aquel momento, era bailar. Más grande se anotó a una escuela que dirigían Silvia Pritz y Silvana Cardell. Fue apenas un año, pero esos doce meses los reconoce como fundamentales. Ahí mismo una vez dio con un volante promocional de una espectáculo del grupo La Pista 4 que decía que se trataba de “teatro experimental”. “¿Qué eso?”, se preguntó esta experimentadora escénica. Fue a ver a La Pista al Callejón y luego vio
Corazones maduros, de
El Descueve. “Ya estaba todo dicho. Esas dos obras fueron como un camino de ida. Lo de El Descueve era rock & roll, mucha imagen. Salí de ahí y me tenían que atar”, cuenta.

Con los años terminó bailando en El Descueve aunque ella no venía del Taller de Danza del Teatro San Martín, en donde se formaron buena parte de los integrantes de ese icónico grupo. “Yo entré al Taller y me fui. No era mi lugar. Para mí siempre el bailar estuvo relacionado con el placer y en el mundo de las clases con eso de la disciplina me parece que hay un gran malentendido”, apunta esta disciplinada investigadora.

Dejó el Taller y se fue a Bruselas con la idea de ingresar a la escuela que dirigía la gran coreógrafa belga Anne Teresa De Keersmaeker. Entró. Pero al año volvió. Las instituciones no son lo suyo. “No era feliz y mí me gusta ser feliz, sentir que lo que hacemos es especial. Bailar es algo muy sagrado”, reflexiona con los ojos claros bien abiertos. Algo de ese orden de la felicidad sintió cuando bailó en obras de Luis Garay, Carlos Casella y Diana Szeinblum (imposible pasar por alto su trabajo en
Secreto y Malibú). Mientras tanto, como actriz, en cine como en teatro, trabajó bajo la mirada de Javier Daulte, Mariano Llinás, Mariana Obsersztern y Edgardo Cozarinsky en el mismo Teatro Sarmiento. En esa misma sala rescatará de sus propia memoria, de sus apuntes y de los videos los otros dos trabajos que completan la retrospectiva: La lengua, la obra que “me cambió la vida”; y Los huesos, una reflexión sobre el género.

Como sucedió el año pasado, el ciclo Artistas en Residencia vuelve a hacer eje en una mujer. Una mujer que desde chica la mueva el placer de bailar.

La retrospectiva

De jueves a domingos, en el Teatro Sarmiento (Av. Sarmiento 2715), cinco obras para bucear en el imaginario de Leticia Mazur


Watt (2004)

Se estrenó en La Catedral, de Almagro. Fue una apuesta al baile puro en medio de sonidos electrónicos que todavía no eran común para trabajos de este tipo. Contagiaba energía. Irá los viernes, a las 20:30.


Watt Crédito: gentileza Bobby Lightowler


La lengua (2012)

Producto de un largo proceso de investigación nació esta potente obra cuyo diseño espacial y lumínico pertenecen Alicia Leloutre y Matías Sendón. Se estrenó en Espacio Callejón.”Eso fue bailar como un proceso de autoconocimiento”, dice su creadora, intérprete y directora. Irá los sábados, a las 20:30.


La lengua


Mi papá, tu papá, tu hija y la mía (2017)

Esta vez Margarita Molfino y Leticia convocaron a sus padres. Los 4 en escena entre recuerdos, registros sensibles y bailes. Hicieron unas pocos funciones casi para amigos y familiares. Esta vez, hijas y padres coparán el Sarmiento. Irá los jueves, a las 20:30.


Mi mamá, tu papá, tu hija y la mía


Jugadora muda en bata (2017)

Nació en un ciclo del Centro Cultural Rojas que fue teniendo distintas versiones. La premisa fue entablar una comunicación a través de la improvisación en vivo entre una bailarina y un baterista. Irá los jueves, a las 20:30.


Jugadora muda en bata Crédito: gentileza Gianluca Zonzini


Los huesos (2017)

En esta propuesta los 5 intérpretes (hombres, mujeres y una persona trans) están desnudos.
Se estrenó en el Centro Cultural Recoleta. Todo está puesto en la observación entre ellos y del público hacia un trabajo de fuerte carga visual. Irá los domingos, a las 20:30.


Los Huesos Crédito: gentileza Ariel Feldman

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