Los “cuatro fantásticos” de la danza que lograron cumplir un sueño de muchosEspectáculos 

Los “cuatro fantásticos” de la danza que lograron cumplir un sueño de muchos


Victoria Hidalgo, Ernesto Chacón Oribe, Bettina Quintá y Pablo Fermani, los integrantes originales de la Compañía Nacional de Danza Contemporánea, con su directora, Margarita Fernández. La secretaría de Cultura resolvió incorporar a la compañía entre sus organismos artísticos estables Fuente: LA NACION – Crédito: Fernando Massobrio

Hay pocas imágenes más alegóricas para empezar a contar esta historia que la de la caída: un día, una bailarina se da la cara contra el piso y se rompe la nariz. Literal y figuradamente, de golpe y porrazo, esa escena llega para cambiar el estado de las cosas. La anécdota -incluida en el documental
Trabajadores de la danza (de Julia Martínez Heimann y Konstantina Bousmpoura, 2017) – se oye al pasar esta tarde de junio que ya poco tiene que ver con el acalorado de
diciembre de 2007, cuando un grupo de bailarines del Ballet del Teatro San Martín comenzaron a dar, paso a paso, una lucha que comenzó con sus despidos y que desemboca, ahora mismo, con la oficialización del primer organismo estable de danza contemporánea de carácter nacional.

En este otoño que no quiere ser invierno el clima es, lógicamente, de triunfo, alegría. De madurez, también: los cuatro bailarines que
sentaron las bases de la Compañía Nacional de Danza Contemporánea (CNDC) y que, una década después, siguen aquí, ya rondan los 40 años y tienen mucha más experiencia que cuando cortaban la avenida Corrientes para reclamar, por ejemplo, un seguro que “cubriera” el tabique nasal de Victoria Hidalgo, que se había lastimado en un ensayo. “Nos decían que éramos estrellas, nos entregaban flores al final de la función y no teníamos ART”, recuerda Ernesto Chacón Oribe, un robusto Próspero que tomó la voz cantante al frente de aquella “tempestad”.

El caso es que el cuarteto que completan
Pablo Fermani y Bettina Quintá tomó
Nuevos Rumbos. Y así, justamente, se llamó al grupo que formaron con otros colegas, haciendo base en el edificio histórico de la exbiblioteca de la calle México, donde conviven con el Ballet Folklórico Nacional. Los nuevos rumbos incluyeron bailes de todo tipo, el nacimiento de sus hijos, luchas sostenidas y un recorrido persistente que llega hasta
la publicación en el Boletín Oficial de la resolución que formaliza a la compañía como elenco estable de la Nación, con 21 bailarines y dos asistentes coreográficos, para la “interpretación, difusión, creación y experimentación de las más variadas tendencias de la danza contemporánea, y en el marco de un amplio y dinámico programa de federalización de la cultura”, según considera la resolución de la secretaría de Cultura que jerarquiza así este proyecto.

Un clip de los diez años de la compañía

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Video

Para los bailarines esto significa “seguridad”, “una plataforma legal y jurídica”, “el ingreso al convenio de trabajo de orquestas, coros y ballet”, “poder discutir las carreras” y “una situación clara de derechos y obligaciones, con evaluación anual”, según aportan entre todos. “La diferencia es que ahora existimos -dice Quintá, sin rodeos- frente a cualquier cambio de gobierno”.

Sobre todo, existe el organismo más allá de las personas. Es decir, hay algo de posteridad que se asienta aquí y que no pasa inadvertido: ese marco ideal de los comienzos de la democracia que vislumbraba la creación de tres cuerpos de danza (uno folclórico, otro clásico y el contemporáneo) para el país. Margarita Fernández, directora de este
team desde 2016, recuerda ese aspecto fundamental legado de los años de Alfonsín y lo conjuga con “la calidad y responsabilidad de estos intérpretes, con ese ímpetu que fue el generador de la compañía”.

Quedará para futuros logros la lucha por la jubilación, que aspirarán a que se inscriba en el régimen 20-40 (20 años de carrera, con al menos 40 de edad), como ocurre en la provincia de Buenos Aires y en Córdoba. El proyecto, que perdió estado parlamentario, había hecho un buen recorrido, sin contradicciones en las diferentes líneas políticas, destacan estos “cuatro fantásticos” con ojos optimistas, aun cuando haya que volver a empezar.

-¿Qué les pasa como bailarines con el hecho que “la lucha” sea tan protagonista de la tarea diaria?

Ernesto Chacón Oribe: -A nosotros nos toca ser bailarines, lo elegimos, pero me siento un trabajador que como todos tiene que luchar por mejorar su condición laboral. A veces siento que a los artistas nos ponen (y nos ponemos) en una caja de cristal, porque lo que hacemos necesita de alguna manera ese cuidado, pero somos trabajadores.

Pablo Fermani: -Estar fuera de la única compañía contemporánea que había, la del San Martín, con la convicción de seguir juntos, significó empezar a autogestionarnos, entrenarnos, dar clases, hacer coreografías. Y así fue como en la primera gira que hicimos llevamos una obra que duraba ¡cinco minutos! Para darle cuerpo, hicimos una clase abierta y una charla.

Victoria Hidalgo: -La disciplina que tuvimos, tan rigurosa, nos ayudó mucho cuando salimos de ese espacio-tupper.


“El Caos” (2018), de Leticia Mazur, se volverá a presentar este domingo en el Teatro York de Olivos Crédito: Georgina Garcia

-A diferencia de ese claro ADN luchador, no es tan fácil de definir el gen artístico.

Fermani: -Es un gen de mucha investigación. En el San Martín las obras que se hacían eran elegidas por el director y cuando nos quedamos solos empezamos a hacer charlas para ver qué queremos bailar.

Hidalgo: -Todavía estamos buscando; el ADN tiene que ver con eso…

Bettina Quintá: -Con buscar y probar.

Chacón Oribe: -Los coreógrafos los seguimos votando nosotros, con la dirección. Somos una compañía abierta a la sociedad en general y con una relación especial con la danza independiente, eso también es una característica. Hay acciones concretas, como el programa “Partido y compartido”, donde destinamos parte de nuestro presupuesto para el grupo que participa y les ofrecemos todo cuanto disponemos. Vamos a dar seminarios, vienen a tomar nuestras clases.

Margarita Fernández: -Yo sí puedo decir que hay una identidad que los hace diferentes, ya sea por el trabajo de investigación, por la idiosincrasia que tienen, por el germen de la lucha. Porque bailarines contemporáneos buenos tenés millones, pero hay algo que los hace propios, y ahí sale el sello, lo distintivo. Es una lástima que no tengan más mirada internacional, porque sé que sería una compañía más que bien recibida en muchos países [se presentaron en Centroamérica, Estados Unidos, España y Oriente]. Tienen personalidad.

-Margarita, ¿cómo es dirigir una compañía de estas características, con un funcionamiento horizontal?

-Todo un desafío, un desafío superatractivo, y una responsabilidad que llega en un momento de la vida en la que te preguntás, como me han preguntado: ¿para qué una Compañía Nacional de Danza Contemporánea?

-¿Y qué respondiste?

-Mi posición en la vida es: “Atrás ni para tomar carrera”. Pero contesté tomándome una licencia, mirando hacia atrás. ¿Qué me hubiese pasado a mí, con 19 años, saliendo del Colón y habiendo dejado el taller del San Martín porque tenía que trabajar (y no de la danza precisamente, sino vendiendo ropa en una tienda de la avenida Santa Fe), si hubiese existido una compañía como esta? Me hubiera sentido muy feliz y hubiese sido mi desafío presentarme para ser artista de una compañía nacional.

Fernández es una profesional muy respetada y querida en la escena de la danza, que llegó a la CNDC directamente desde el Folklórico Nacional. Con fuertes convicciones, redobla en experiencia y madurez a los “señores y señoras” con los que aquí trabaja, a quienes conoce desde hace muchos años y por quienes siente gran afecto y respeto. “Esta compañía tiene una función social porque es mía, tuya, del señor que estiba bolsas en el puerto; es de nosotros y tenemos que devolver danza contemporánea, cultura, que es lo que sabemos que hacer. De eso se tratan los organismos artísticos que son de la Nación y no de la cabeza de una persona. Nosotros nos morimos y siguen otros”, subraya.

Con plena conciencia de las necesidades de un país que no es del primer mundo, Fernández usa un ejemplo para iluminar políticas que han dado buenos resultados no tal lejos de aquí. “La danza parece un poco la hija boba de las economías creativas hasta que tenés un Festival de Tango que mueve el país.
Julio Bocca en el Sodre cotizaba: eran el maíz y la compañía de Julio Bocca . Y eso fue así porque hubo un presidente, Pepe Mujica, que le dijo: ‘Señor, usted puede hacer mucho por el Sodre’. Si antes en el mundo no sabían adónde quedaba Uruguay, ya no se confunden más. Cuando se empiece a mirar la danza como un valor agregado, verán que también la Argentina tiene mucho para dar. Si no, no habría diez artistas internacionales de relieve ocupando los primeros lugares en las mejores compañías”.

Con una agenda de trabajo rica en compromisos por las provincias, la CNDC hace unas 60 funciones anuales, poniéndole el cuerpo un repertorio ecléctico formado por obras de coreógrafos locales, extranjeros y de los propios integrantes, que se prueban en la creación en el programa conocido como “Carta Blanca”. Ahora, preparan la próxima función mientras escuchan que alrededor se habla de mudanza. No hay apuro en un año electoral, creen. “La compañía no es muy amiga de esa idea -comparte Quintá-. Queremos la casa [por la exbiblioteca] o lo que en realidad nos corresponde: el CCK . Esa es otra lucha”.

PARA AGENDAR

De Olivos a Necochea. La agenda de de la Compañía Nacional de Danza Contemporánea continúa este domingo, a las 20, con la reposición de
El caos, de Letizia Mazur, en el Teatro York de Olivos (J. D. ALberdi 895). Con la misma obra estarán el 29 de este mes en el Teatro París de Necochea. En vacaciones de invierno montarán el espectáculo para chicos
Mundo danza, de Laura Falcoff, en el CCK. Luego, en el segundo semestre, trabajarán con la coreógrafa invitada
Lisi Estaras, de visita
nuevamente en el país.

Postales de una década

De la creación colectiva con la que dieron el puntapié inicial a la actualidad, la Compañía Nacional de Danza Contemporánea cosecha un repertorio ecléctico con obras de coreógrafos locales y extranjeros


Charanda, la primera obra con la que se presentó en sociedad este elenco

CHARANDA, 2009

Primera vez.
Función inaugural de la compañía en la sede de la calle México. Antes, habían bailado esta
Charanda en el escenario de Cosquín, cuando el charanguista Rolando Goldman, que les donó la música, los invitó a su show.


Escena de “La que sepamos todas”, del coreógrafo Rakhal Herrero

LA QUE SEPAMOS TODOS, 2010

Cambio de piel. “Un quiebre” provocó
el coreógrafo Rakhal Herrero en la Compañía Nacional de Danza Contemporáneo. “Fue la primera obra que nos interpeló desde un nuevo lugar; un hito”, coinciden Hidalgo y Quintá.


Rio Conmigo, todo terreno y para todo público

RÍO CONMIGO, 2013


Todo público.
Creada por el bailarín Diego Franco sobre improvisaciones de sus compañeros, la presentaron en Buenos Aires, por el interior y en el exterior, “en un cuarto pequeño de Brasil y en la plaza de toros”, recuerda Chacón Oribe.


Tension Espacial, de Jae Duk Kim

TENSIÓN ESPACIAL, 2015

A la coreana.
Jae duk Kim vino a dar un taller y terminó montando una obra con tres conceptos claves: la tracción, el estremecimiento y la reverberación de los cuerpos. Esta pieza le queda muy bien a la CNDC y le da versatilidad: completa o en un formato reducido para galas, no pierde fuerza.

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