El recuerdo de Maipú, la batalla decisiva para impulsar la independencia de América del SurSociedad 

El recuerdo de Maipú, la batalla decisiva para impulsar la independencia de América del Sur

Después de Cancha Rayada, el general Osorio, dubitativo como siempre, convocó a una junta de guerra para decidir qué hacer luego de ese éxito parcial en las operaciones. El brigadier Ordoñez, hombre temperamental, exhortó a perseguir al Ejército Unido a fin de impedirle su reorganización, pero Osorio decidió regresar a Talca para reorganizar su ejército y autorizó a Ordoñez a que tomara la mejor caballada disponible y procediera a la persecución del enemigo. Más tarde mentiría en su parte al virrey Pezuela (que era su suegro) expresando que el triunfo de Cancha Rayada había sido tan rotundo, que no fue necesario perseguir a los patriotas.

El coronel Las Heras había logrado sustraer del campo de batalla a su división (3500 hombres y 12 piezas de artillería), marchando en silencio y disciplinadamente toda la noche y para acampar a 25 kilómetros del campo de batalla. En ese tiempo, cubrió la distancia que correspondía a una jornada de marcha. En base a esta división, se restaurará el Ejército Unido para la batalla de Maipú. Dirá más tarde Bartolomé Mitre: “Las Heras no solo salvó una división luego de Cancha Rayada, sino la independencia de toda América del Sur”.

La reunión de la división de Las Heras y otros tantos rezagados en San Fernando, le dio la oportunidad al General San Martín de arengar a sus tropas, levantar su moral y darles la esperanza a los chilenos de que nada estaba perdido. Esto calmó el pánico que había causado la noticia de aquella batalla porque, recordando el desenlace de Rancagua, muchos ya habían iniciado el éxodo hacia Mendoza.

En los 16 días que median entre Cancha Rayada y Maipú, se puede apreciar el temple de dos verdaderos líderes como lo eran San Martín y O’Higgins, para no desfallecer luego de una crisis y prepararse para lo que sería la batalla final. O’Higgins, a pesar de su herida y su estado de salud, no descansó preparando la defensa de Santiago y reclutando más gente para reemplazar las bajas sufridas.

Las Heras no solo salvó una división luego de Cancha Rayada, sino la independencia de toda América del Sur, Bartolomé Mitre.

San Martín, junto a Fray Luis Beltrán, trabajaron incansablemente para reponer la artillería perdida, su munición y el armamento para las nuevas unidades.

Cuando el 2 de abril de 1818, Osorio y su ejército cruzaron el río Maipo en el vado de Lontué, San Martín intuyó cuál era el plan de su enemigo y movió su ejército a la Loma Blanca, al sur de Santiago, ya que desde allí podría atacar a los realistas, cualquiera fuera la dirección que tomaran para llegar a Santiago.

El 5 de abril, temprano, Osorio comprendió la magnitud del ejército que enfrentaba y en lugar de atacar, ocupó una posición de defensa en el cerro Errázuriz y una altura triangular al norte de la estancia Lo Espejo, ambas alturas dominaban los llanos de Maipú.

Cerca del mediodía y luego de reacomodar su dispositivo, San Martín inició el ataque a la posición realista.

La batalla fue duramente peleada por ambos ejércitos, con avances y retrocesos por parte de los patriotas y un gran derroche de coraje de argentinos y chilenos. Luego de casi cinco horas de combate, el ejército realista se replegó a la Estancia Lo Espejo. El general Osorio, considerando perdida la batalla, abandonó el campo de combate y fue el brigadier Ordoñez quien continuó la defensa en la nueva posición. Allí la lucha fue encarnizada hasta que la humanidad de Las Heras logró la rendición antes de que se convirtiera en una masacre para los realistas.

El general chileno expresó: ‘Gloria al salvador de Chile’ y San Martín respondió: ‘Chile no olvidará jamás su sacrificio presentándose al campo de batalla con su gloriosa herida abierta’.

Antes del fin de la batalla, el general O’Higgins se hizo presente en el lugar. Allí, se produjo el histórico abrazo que tan bien inmortalizara en su cuadro el pintor Pedro Subercaseaux. El general chileno expresó: “Gloria al salvador de Chile” y San Martín respondió: “Chile no olvidará jamás su sacrificio presentándose al campo de batalla con su gloriosa herida abierta”.

Las batallas son siempre un hecho táctico, pero lo que las transforman en decisivas son los efectos estratégicos que producen. Chacabuco fue una batalla brillante en su concepción estratégica pero no fue decisiva.

La batalla de Maipú fue decisiva porque marca el final de la primacía del Perú en la propagación de la conquista española en América del Sur. A partir de ella, el virrey del Perú perdió la iniciativa y debió empezar a preocuparse por cómo subsistir en esta parte del mundo.

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